Por Emily May, pasante de la USTA en Florida
“¡Mueve los pies! ¡Agáchate! ¡Sigue el movimiento!”
Es obvio que los movimientos propios del tenis tienen un impacto directo en la frecuencia cardíaca y la función muscular, pero ¿se le habría ocurrido alguna vez que también podrían tener un efecto distinto y perceptible en el rendimiento cerebral?
Investigación publicada por Noticias sobre una vida consciente Se sugiere que actividades como los ejercicios deportivos y el ejercicio de alta intensidad contribuyen al desarrollo de hasta seis áreas cerebrales distintas. La variabilidad propia del tenis es única, ya que requiere tanto potencia corporal completa como breves ráfagas de velocidad. Esta fluctuación de la acción diferencia el tenis de ejercicios más comunes como correr o andar en bicicleta, al combinar diversos niveles de ejercicio en una sola sesión.
La naturaleza anaeróbica de un partido exige que el cuerpo ejerza grandes cantidades de energía y concentración en segmentos cortos, recurriendo al cerebelo para coordinar el movimiento mientras se mantiene un nivel constante de atención.
Aprender a disimular un golpe de dejada depende de la corteza prefrontal y los ganglios basales, combinando la capacidad de alternar entre tareas con la potencia necesaria para ejecutar el golpe adecuado.
Incluso los ejercicios con balón real pueden utilizar y mejorar la función cerebral mediante el uso del lóbulo parietal para acceder a los métodos de procesamiento visoespacial necesarios para mantener el balón en juego.
MEJOR TENIS, MEJORES CALIFICACIONES
Los estudios también demuestran que integrar este tipo de actividad de forma regular en la vida de los niños mejorará significativamente su cognición, lo que se traducirá en un mayor rendimiento en el aula.
Un estudio inédito de la Universidad de Roma, en Italia, descubrió que los niños que realizaron una serie de ejercicios de coordinación durante un período de cinco meses obtuvieron mejores resultados en pruebas que implicaban concentración y atención.
Otro factor clave en el desarrollo cerebral mediante el ejercicio es la constancia. Los participantes en estos estudios solo observaron resultados cuando realizaron las actividades de forma rutinaria. Esto demuestra que el compromiso con la práctica regular de partidos es fundamental para mejorar tanto la función mental como el rendimiento físico en la cancha.
La conexión entre la actividad física y la cognición es innegable, y el agradable equilibrio entre fuerza, agilidad y coordinación que se encuentra en el tenis es una forma perfecta de combinar ambas.